defiende el enfoque de género

Soldado del Apra

Publicado: 2010-07-28

César Zumaeta será el nuevo presidente del Congreso. Hace unos días, cuando le preguntaron si había buscado el cargo, no se le ocurrió mejor respuesta que decir. “No. Los apristas somos soldados al servicio del país, pero no se llega al Apra para aspirar a cargos.” (La República 17.7.10). Mmmm. No voy a cuestionar su afirmación, pero en estos días en los que hasta SolArmonía toca el himno a las horas del Angelus, vale destacar que a Zumaeta no se le ocurrió decir que los apristas eran arquitectos o abogados o simplemente lo que son sus congresistas: empleados del Perú, pagados con nuestros impuestos, y si lo hacen bien, pues enhorabuena y todos contentos. No. Soldados. Claro, al margen de cualquier bono de rendimiento de Alas Peruanas.

Más que un lapsus, fue una mantra, porque más adelante, cuando le preguntan si postulará a la reelección como congresista, responde: “Somos soldados del partido y se evaluará más adelante”.  No militante de un partido disciplinado, que a estas alturas tiene más de heroico que soldado. No. Soldado. En estos tiempos de histeria, podríamos señalarlo por pertenecer a un “partido militarizado” como se definía Sendero Luminoso.

Un país que avanza en el S.XXI con políticos y elites tan S.XX, podríamos decir. Pero no. Todo es discurso cínico: ninguno pasó por el Servicio Militar Obligatorio de antes, ni se le ocurriría incentivar a sus hijos para que postulen a oficiales de nuestro no muy bien pagado Ejército Peruano.

Y  ojo: son civiles los que incentivan el papel hipertrofiado de las armas y los soldados en nuestra identidad nacional, especialmente los políticos y las elites asustadas, conscientes en el fondo de su déficit de legitimidad.

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P.D. El único soldado del APRA que todavía se atisba en el horizonte es Carlos Roca, un punto que se aleja con su palito al hombro y su atadito con un 1% de intención de voto y una estampita de Haya de la Torre dentro, sin que ningún líder del PAP se tome “siquiera una fotito” con él, como apuntó Lauer. Eso, al margen de que sea imperdonable o suicida, que no se diera cuenta al aceptar la candidatura a alcalde de Lima, que lo iban a tratar peor a cachaco de las épocas de la leva.


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