QEPD Wilindoro Cacique

Lo que queda de la campaña: restos de paisaje urbano

Publicado: 2011-04-13

A veces Hildebrando, a veces Brando, como Marlon. Los carteles de Hidebrando Tapia para el Parlamento Andino se suceden por las calles intrincadas de San Borja. Es el país de los candidatos adolescentes. A veces me pregunto si el Reggiardo que aparece en el cartelón de esta esquina tiene edad para votar. Y que fue de las arrugas de Humala cuyo rostro nos sonríe desde otro panel, absolutamente terso y rosáceo, delatando más una base de color que algún problema dérmico.

Los que no son jóvenes, les hacen la patería. “El candidato de los jóvenes… y de los que piensan como jóvenes”, nos bloquea cualquier posibilidad de reclamos al candidato más viejo de todo el pelotón, tanto que cuando se le ve en movimiento saca la lengua como tortuguita. Otra: “la tía Julia”, no tengo idea de quién es, pero con ese nombre parece alguna de las cocineras que Gastón lanza a la fama.

Ya termina San Borja y hasta ahora no he podido ver ninguno de los carteles de Gina Pacheco, la enfermera del ingeniero de la DIROES, dicen que son espectaculares. Pero llegando a los confines del distrito, una sorpresa “Fumigaremos del Congreso”, ofrecen nada menos de Alex Kouri y Jacques Rodrich. Imagino que para saldar sus deudas con el electorado ofrecen inmolarse. Pero el suicidio no es parte de nuestras tradiciones. Felizmente no salieron. Atravesando a Surquillo, paneles rotos, mancillados por pintura o lemas oprobiosos, dientes extraídos como los de la Chilindrina.

Pero si creen que es algo nuevo, secuela de una democracia sin partidos, vean el siguiente link de las elecciones de 1985 y comprobarán que desde que regresó la democracia, paneles ridiculizados por la mofa popular son parte del paisaje en estos tiempos electorales. Paneles retocados, no. Esos parecen ser producto del photoshop y la nueva y pujante industria de la publicidad móvil, una prueba más de que “el Perú avanza”, como solía machacar el presidente García, sumido en estos días en el silencio.

Fotografía: Mario Zolezzi


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