QEPD Wilindoro Cacique

Una sensación de dejavú

Publicado: 2011-04-15

Parece innecesario comentar otra vez esta coyuntura. Quizá recordar un poco. Esto escribí para la segunda vuelta del 2006.

CID

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EL RECONOCIMIENTO

Por: Carlos Iván Degregori

Si algo ha dejado en claro esta doble campaña electoral es que el actual modelo económico no puede seguir tal cual. La bronca expresada por un sector importante del país no es cosa de locos ni tarados. Revela, más bien, que una democracia no puede funcionar bien con casi un 50% de pobres y con una élite que se dedica básicamente a engreír a los inversionistas.

La mayoría de electores se pronunció en la primera vuelta por el cambio, y la propia Lourdes flores fue poniendo cada vez más énfasis en el tema de la inequidad y la pobreza durante los últimos tramos de su campaña.

Es preciso reconocer, a riesgo de que en un ambiente tan crispado suene a chavismo o fascismo, que es mérito del candidato Humala el que estos temas hayan llegado al centro del (escaso) debate político. Lo colocó  allí con modales broncos y actitud polarizante. Cierto, ¿pudo ser de otro modo?

Mientras fueron planteadas con buenas maneras por otros actores, no encontraron eco o fueron descartados como populismos jurásicos o delirios a los que debían prestarles más atención los psiquiatras que los técnicos del MEF.

Pero hay algo previo al incremento de las inversiones y a la lucha contra la pobreza que no ha encontrado todavía espacio en la (pobre) discusión política. Es el tema del reconocimiento. Aclaro que no me refiero a que esto sea previo en términos cronológicos. Todos deberán ser abordados desde el primer día por el nuevo gobierno. Me refiero a la profundidad de los problemas y a lo complejo de su solución.

La percepción de no ser reconocidos como personas y ciudadanos iguales ante la ley, pero también en la vida cotidiana, aunque sean rurales, serranos y “motosos”, es una tara, esa sí tara, que arrastramos las élites peruanas desde tiempos inmemoriales. Por algo somos el país de habla hispana que inventó el verbo “cholear”.

Por supuesto que mucha agua ha corrido bajo los puentes y las fronteras sociales son mucho más porosas. También es cierto que en los programas de ambos candidatos hay alusiones indirectas al reconocimiento. Por ejemplo, cuando Mercedes Cabanillas habla sobre educación bilingüe intercultural o Humala sobre el programa “ciudadano”. Porque ‘acordarse’ de los sectores más pobres, sus necesidades económicas y sus especificidades culturales, es una forma de reconocerlos.

Por eso, entre otras causas, la popularidad de Fujimori, que recorrió el país de  arriba abajo. Desde la vertiente democrática se inscribe allí Belaúnde, más que por proyectos como la Carretera Marginal, por el establecimiento y restablecimiento de elecciones municipales. Si no se hubieran interrumpido en la década de 1970, Sendero Luminoso habría tenido dificultades mucho mayores para despegar.

Hoy es necesario ir mucho más allá. El historiador Flores Galindo decía que habría una revolución en el Perú el día que los campesinos dejaran de cederles la vereda a los señores y de llamarlos ´taytay’. Eso, en gran medida, ya fue. Pero hoy podemos invertir la figura y decir que habrá un cambio sustantivo en el Perú cuando, por ejemplo, los pueblos indígenas tengan acceso a la justicia en su propia lengua, cuando todos podamos sentarnos a comer en la misma mesa, no sólo durante las campañas; mirarnos sin despreciarnos mutuamente, compartir espacios públicos sin temores, convertir el uniforme de las empleadas domésticas, cuando este sea indispensable, en lo que debería ser: un requisito técnico como los overoles de los obreros o los casos de los ingenieros, y no un estigma que las separa y las marca como “cholas” casi como antes se marcaba a los esclavos .

Volviendo a los protagonistas del duelo de mañana, esta ausencia tiene que ver con la carencia de una visión general del país y de hojas de ruta concretas para plasmar esa visión. Por eso no se ha hablado tampoco mayormente de reforma del Estado.

Sólo hilachas, sólo retazos.

Eso, unido a los problemas que ambos candidaturas enfrentan en el tema de los derechos humanos y a una pregunta que nadie ha formulado - ¿jugará Mantilla un papel importante en un próximo gobierno aprista?,- son razones suficientes para afirmar que un voto viciado no es sinónimo de frivolidad o cobardía. Puede ser también sinónimo de descontento y compromiso con la construcción de opciones que el ciudadano considere mejores. Esto es una elección. Esto no es una cruzada.

Sábado 3 de junio de 2006.

Peru21, página 4.


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