Narrador de cuentos

Desde el universo infinito donde me encuentro hace ya más de dos meses, desligado totalmente de las preocupaciones de cuando habitaba en un cuerpo , libre de los problemas del tiempo y el espacio, desplazándome por las galaxias a altas velocidades muy superiores a las de la luz, viviendo al mismo tiempo en mis plantas, reencarnado y floreciendo en mi violeta, disfrutando la belleza de los arco iris de los anillos de Saturno, eventualmente recibo noticias del pequeño y lejano planeta denominado “Tierra” por sus habitantes, son cartas, buenos deseos, homenajes tardíos y textos escritos sobre mí, en parte mi oficio en vida fue escribir y ahora escriben sobre mí, es curioso. Entre los indescriptibles paisajes de este universo infinito recuerdo también que tenía un blog en “La Mula” que abandoné con mi partida, la idea era tratar de continuar con él desde este nuevo estado inmaterial, valiéndome de Felipe, mi hermano, como “operador “ o algo por el estilo, cuidando por supuesto que no meta las cochinadas que publica en su blog en el mío, y es así que, entre otras cosas, entre viaje y viaje, he tenido oportunidad de ver un texto escrito por José Carlos Agüero que me gustaría compartir, habla sobre mi y menciona a Felipe, mi hermano, quien ha estado muy cerca a mi durante mis últimos meses en el planeta Tierra, es por eso que me ha interesado y le he pedido que retome mi blog con este simple y sencillo texto, como estoy ya libre de las ataduras del tiempo me ubico en cualquier edad, como podrán ver en la foto, en ella tengo una edad cercana a la del autor del texto que es en la que me ubico ahora, espero les interese y , entre desplazamiento y desplazamiento intergaláctico me dé tiempo para, de vez en cuando, compartir algo con ustedes .

NARRADOR DE CUENTOS

En los setenta Carlos Iván dedica un poema “biográfico” a su hermano menor, Felipe. En pocos versos lo observa nacer, crecer, sufrir y gozar una sociedad sutilmente descrita, esbozada sin énfasis por detalles de sus desgarros. Lo envidia en su libertad adolescente. Ve su desesperanza posterior, lo siente dudar sobre el futuro, y se ve a sí mismo en el poema “el mal ejemplo de su hermano/ que vacila, / que teme, / que fluctúa.” Un hombre de izquierda atípico, que no encuentra paz en las certezas de los manuales. Ante todo el futuro que llegaba, tumultuoso, CID termina:

“Felipe es todavía un buen muchacho
Brillante, buena gente,
Que está desconcertado, como yo,
como tantos.

Buena suerte”.

Leía desde muy chico libros de aventuras, Salgari, Julio Verne, Assimov, tal vez Conan Doyle. Amante de la ciencia ficción y de esas ediciones juveniles que facilitan tanto el acceso a libros mayores. Fue feliz con los “chistes” (comic). Como tantos, leyó a los nombres de nuestro canon: Gonzales Prada, Mariátegui, Garcilaso, Alegría, Porras, Vargas Llosa, Arguedas. Nada con sistematicidad. No se consideró nunca un arguediano, pero al leer su propia obra, luego de oírlo un poco, sí pues, se ve que no lo era en el sentido usual de este término, de discipulado. Que más bien ambos José María y CID eran arguedianos, así, como un sustantivo: un cierto desgarro, un problema nunca del todo resuelto de misti que se rehúsa a esa herencia, y un deseo difuso de justicia y de esperanza en la mezcla, en la promesa nunca predefinida.
El Pablo le preguntó una tarde ¿qué libro te hubiera gustado escribir? Ya estábamos cerrando la jornada y con un poco de hambre, quizá esperábamos una respuesta convencional, que dijera algo como algún gran tratado de las ciencias humanas, El Capital, el Tractatus, Antropología Estructural, cualquiera. “Los ríos profundos”, dijo, sonriendo. Y luego que lo dijo estaba claro para todos que así era, en efecto. Qué cómo no nos habíamos dado cuenta. Y sonreímos un rato, juntos.
Escribió poesía en serio, por un tiempo. Obtuvo un reconocimiento en el concurso “Poeta joven del Perú” en 1970, con su poemario Para calmar la ira de los dioses (concurso que ganaron Antonio Cilloniz y José Watanabe). Pero luego su trabajo como antropólogo en Ayacucho, sus viajes fuera del país y su militancia en la izquierda lo ocuparon e hicieron de la poesía una actividad cada vez más marginal. En algún momento decidió dejarla. Supo que no podría otorgarle la dedicación que él sentía que la poesía exigía. No podía ser un hobby. Que era quizá el oficio más difícil a acometer. Así, un sueño, una vocación, se cerraban. No por falta de talento. Porque la vida se fue decantando de otro modo.
Pero siguió escribiendo. Su labor periodística le mantuvo la mano caliente. También le permitió estas fugas que valoraba tanto, hacia lo cotidiano, hacia la gente, el arte, la sensibilidad y los detalles. Fugas de esos corsés de la militancia, de las exigencias de la responsabilidad política, de la propia reflexión académica. Su marxismo lo fue construyendo como construyó su cultura literaria: con intuición, con fuentes poco ortodoxas, con conversaciones, aprendiendo de amigos, chancando también. Leyendo China reconstruye, a Fanon, Mariátegui, escuchando a Sinesio en la escuela política, curiosamente, viajando a Estados Unidos y absorbiendo la poderosa movida por los derechos civiles. Un marxismo heterodoxo lleno de vitalidad. Como luego lo llamaría Malpica un “marxismo nacional”.
El estilo que formó estos años de periodista, editorialista, articulista de opinión y militante, impregnaron sus textos académicos. Estilo de prosa clara, de exposición argumental simple, de economía de medios. Y de uso de imágenes y metáforas que ayudaban a avanzar una explicación difícil de otorgar, que necesitaba un lenguaje más sutil para sugerirse sin imponerse. Qué más decir. Escribía bien. Agradaba leerlo. Quizá sólo Flores Galindo tenía una prosa comparable, de esas que en sí mismo cautivan.
“Creo que lo que me dio un lugar para hablar, lo que me permitió organizar mejor algunas ideas, condensar otras, y también distinguirme del resto, fue que me fui formando con los años un estilo. Desde chico leí mucho, viajé, tenía una vocación por coger de aquí y de allá explicaciones, intuiciones, sugerencias. Entrar y salir de temas y libros, como un picaflor. No un académico duro, a lo gringo. Tampoco un diletante. Bebiendo del cine, de la música, de la gente diversa, de la poesía. Sin ser un experto en nada. Disfrutando de todo, aprendiendo. Por eso, cuando me encargaron primero en el partido, que me hiciera cargo de nuestro vocero, fue como si fuera un discurrir natural. Degregori escribe bien, él puede contar las cosas. Y luego, cuando pasé al Diario de Marka, fue como consolidar este rol. Degregori escribe bien y además es buena gente. Y en ese mundo de la izquierda y la política, no saben qué importante es eso de que seas buena gente”.
Más o menos, así nos explicó Carlos Iván su temprana relación con la literatura, ya al final de sus días. No recojo una cita textual, pero es lo que quiso decir, lo que recuerdo, lo que pude entender. Y así está bien. Creo que le habría agradado esa flexibilidad, esta recreación parcial, esta narración inexacta pero verosímil.
“Es un narrador de cuentos”, fue uno de los insultos que Sendero Luminoso pretendió asestarle como uno de los más hirientes. Pero fue una buena descripción. Y a él no le molestó gran cosa. Porque a él le gustaba contar bien las cosas. Y cuando las cosas no se pueden explicar con satisfacción, cuando falta elementos o la realidad nos desborda, contar bien es un principio organizador. Quizá por un tiempo, el único posible para enfrentar al caos y la barbarie de fuera. La violencia extrema y el horror quizá no puedan representarse jamás a satisfacción, y quizá siempre las explicaciones últimas, las que llegan a comprender a la gente misma, se nos escapen. Pero una coherencia narrativa interna, un contrapeso a la realidad desde los textos… ¿será un alivio?
Carlos Iván quería terminar algunas cosas. Dejar ordenados sus textos pro ejemplo. Y la importancia que dio a su reducida producción literaria en este proceso parecía no ser proporcional al total de sus escritos, inmensamente superior en cantidad y reconocimiento. Pero su ansiedad señalaba que para él eran centrales en su vida. Que lo habían organizado. Que nunca había abandonado la poesía, la literatura. Que la había puesto al servicio de su reflexión.
El quería que este poema tuviera algún lugar relevante en su antología futura. Estaba claro que así debía ser.

Cuando rompa estos lazos,
Cuando acaben esta duda,
este miedo,
En fin, la incertidumbre,
Cuando mi corazón
se abra
Entonces,
la palabra manará
Como un río
Y llegaré al mar
Y
Veré la luz

En los setenta del siglo pasado, Carlos Iván escribió a su hermano menor, Felipe, un poema de amor y de desconcertado futuro. Hace poco, en la misa de mes de su fallecimiento, Felipe le leyó una carta.
“Quisiera hermano que nos ayudes a mi madre y a mí a sobrellevar tu ausencia, que me ayudes a ser siempre justo y nunca dejarme corromper (…) Si estás en algún sitio ayúdame a dormir y a dejar de pensar en contarte cualquier cosa que me pasa y luego darme cuenta que ya no lo puedo hacer, ayúdame a dejar de pensar en reenviarte cualquier correo interesante y luego darme cuenta que ya no lo vas a leer, que ya no estás…”
Felipe, si no te molesta, si tienes tiempo, así como de pasada, envíale esos correos. Tal vez ese final, o mejor, esa prolongación de la historia, del cuento, tenga sentido.
Buena suerte.

José Carlos Agüero

Leer másComentarios { 18.948 }

Una sensación de dejavú

Parece innecesario comentar otra vez esta coyuntura. Quizá recordar un poco. Esto escribí para la segunda vuelta del 2006.

CID

**************************************************************************

EL RECONOCIMIENTO

Por: Carlos Iván Degregori

Si algo ha dejado en claro esta doble campaña electoral es que el actual modelo económico no puede seguir tal cual. La bronca expresada por un sector importante del país no es cosa de locos ni tarados. Revela, más bien, que una democracia no puede funcionar bien con casi un 50% de pobres y con una élite que se dedica básicamente a engreír a los inversionistas.

La mayoría de electores se pronunció en la primera vuelta por el cambio, y la propia Lourdes flores fue poniendo cada vez más énfasis en el tema de la inequidad y la pobreza durante los últimos tramos de su campaña.

Es preciso reconocer, a riesgo de que en un ambiente tan crispado suene a chavismo o fascismo, que es mérito del candidato Humala el que estos temas hayan llegado al centro del (escaso) debate político. Lo colocó  allí con modales broncos y actitud polarizante. Cierto, ¿pudo ser de otro modo?

Mientras fueron planteadas con buenas maneras por otros actores, no encontraron eco o fueron descartados como populismos jurásicos o delirios a los que debían prestarles más atención los psiquiatras que los técnicos del MEF.

Pero hay algo previo al incremento de las inversiones y a la lucha contra la pobreza que no ha encontrado todavía espacio en la (pobre) discusión política. Es el tema del reconocimiento. Aclaro que no me refiero a que esto sea previo en términos cronológicos. Todos deberán ser abordados desde el primer día por el nuevo gobierno. Me refiero a la profundidad de los problemas y a lo complejo de su solución.

La percepción de no ser reconocidos como personas y ciudadanos iguales ante la ley, pero también en la vida cotidiana, aunque sean rurales, serranos y “motosos”, es una tara, esa sí tara, que arrastramos las élites peruanas desde tiempos inmemoriales. Por algo somos el país de habla hispana que inventó el verbo “cholear”.

Por supuesto que mucha agua ha corrido bajo los puentes y las fronteras sociales son mucho más porosas. También es cierto que en los programas de ambos candidatos hay alusiones indirectas al reconocimiento. Por ejemplo, cuando Mercedes Cabanillas habla sobre educación bilingüe intercultural o Humala sobre el programa “ciudadano”. Porque ‘acordarse’ de los sectores más pobres, sus necesidades económicas y sus especificidades culturales, es una forma de reconocerlos.

Por eso, entre otras causas, la popularidad de Fujimori, que recorrió el país de  arriba abajo. Desde la vertiente democrática se inscribe allí Belaúnde, más que por proyectos como la Carretera Marginal, por el establecimiento y restablecimiento de elecciones municipales. Si no se hubieran interrumpido en la década de 1970, Sendero Luminoso habría tenido dificultades mucho mayores para despegar.

Hoy es necesario ir mucho más allá. El historiador Flores Galindo decía que habría una revolución en el Perú el día que los campesinos dejaran de cederles la vereda a los señores y de llamarlos ´taytay’. Eso, en gran medida, ya fue. Pero hoy podemos invertir la figura y decir que habrá un cambio sustantivo en el Perú cuando, por ejemplo, los pueblos indígenas tengan acceso a la justicia en su propia lengua, cuando todos podamos sentarnos a comer en la misma mesa, no sólo durante las campañas; mirarnos sin despreciarnos mutuamente, compartir espacios públicos sin temores, convertir el uniforme de las empleadas domésticas, cuando este sea indispensable, en lo que debería ser: un requisito técnico como los overoles de los obreros o los casos de los ingenieros, y no un estigma que las separa y las marca como “cholas” casi como antes se marcaba a los esclavos .

Volviendo a los protagonistas del duelo de mañana, esta ausencia tiene que ver con la carencia de una visión general del país y de hojas de ruta concretas para plasmar esa visión. Por eso no se ha hablado tampoco mayormente de reforma del Estado.

Sólo hilachas, sólo retazos.

Eso, unido a los problemas que ambos candidaturas enfrentan en el tema de los derechos humanos y a una pregunta que nadie ha formulado – ¿jugará Mantilla un papel importante en un próximo gobierno aprista?,- son razones suficientes para afirmar que un voto viciado no es sinónimo de frivolidad o cobardía. Puede ser también sinónimo de descontento y compromiso con la construcción de opciones que el ciudadano considere mejores. Esto es una elección. Esto no es una cruzada.

Sábado 3 de junio de 2006.

Peru21, página 4.

Leer másComentarios { 47.320 }

Lo que queda de la campaña: restos de paisaje urbano

A veces Hildebrando, a veces Brando, como Marlon. Los carteles de Hidebrando Tapia para el Parlamento Andino se suceden por las calles intrincadas de San Borja. Es el país de los candidatos adolescentes. A veces me pregunto si el Reggiardo que aparece en el cartelón de esta esquina tiene edad para votar. Y que fue de las arrugas de Humala cuyo rostro nos sonríe desde otro panel, absolutamente terso y rosáceo, delatando más una base de color que algún problema dérmico.

Los que no son jóvenes, les hacen la patería. “El candidato de los jóvenes… y de los que piensan como jóvenes”, nos bloquea cualquier posibilidad de reclamos al candidato más viejo de todo el pelotón, tanto que cuando se le ve en movimiento saca la lengua como tortuguita. Otra: “la tía Julia”, no tengo idea de quién es, pero con ese nombre parece alguna de las cocineras que Gastón lanza a la fama.

Ya termina San Borja y hasta ahora no he podido ver ninguno de los carteles de Gina Pacheco, la enfermera del ingeniero de la DIROES, dicen que son espectaculares. Pero llegando a los confines del distrito, una sorpresa “Fumigaremos del Congreso”, ofrecen nada menos de Alex Kouri y Jacques Rodrich. Imagino que para saldar sus deudas con el electorado ofrecen inmolarse. Pero el suicidio no es parte de nuestras tradiciones. Felizmente no salieron. Atravesando a Surquillo, paneles rotos, mancillados por pintura o lemas oprobiosos, dientes extraídos como los de la Chilindrina.

Pero si creen que es algo nuevo, secuela de una democracia sin partidos, vean el siguiente link de las elecciones de 1985 y comprobarán que desde que regresó la democracia, paneles ridiculizados por la mofa popular son parte del paisaje en estos tiempos electorales. Paneles retocados, no. Esos parecen ser producto del photoshop y la nueva y pujante industria de la publicidad móvil, una prueba más de que “el Perú avanza”, como solía machacar el presidente García, sumido en estos días en el silencio.

Fotografía: Mario Zolezzi

Leer másComentarios { 11.280 }

Elecciones, sopapos y coscorrones

Poco antes de que Kouri saliera de la cancha, un tenue olor a pichi comenzó a invadir el palco de los comentaristas políticos. Luego de su expulsión, el hedor lo invadió todo. Un sector de abonados se orinaba de miedo sin pudor, no tanto por la expulsión de Kouri –después de todo, entenado vergonzante de Alan sin llegar a ser parte de la aristocracia fujimorista- sino por la subida de Susana Villarán en las encuestas.
El temor se mezclaba con indignación porque la preferencia por la candidata de Fuerza Social era alta en los sectores A y B. El rasgar de vestiduras, las contorsiones inverosímiles y los ataques desordenados de estos comentaristas van para la antología de las elecciones municipales en el país.
Bueno, no es que recién hayan aparecido. Tal como hoy existen, las campañas de demolición y la inoculación del miedo en el terreno electoral vienen de 1990 y tienen su apogeo en la época fujimorista y su artificiero mayor en Montesinos y su escuadrón de la muerte mediático, los llamados “diarios chicha”, convertidos en una falange trituradora que se ensañó con Mohme, Andrade, Castañeda y demasiado tarde con Toledo.
Ahora queda La Razón, el título más irónico de la prensa escrita peruana; el siempre gris Expreso y un señor bastante extravagante con una columna de coprolalia más que de opinión en Correo, que de cuando en cuando contagiaba a su director que caía en una suerte de tercianas histéricas. Pero de repente ese estilo se desencapsula y lo arrastra junto a algunos vieji-viejos con complejo de Peter Pan, que no quieren aceptar que su niñez ya terminó, y también su adolescencia.
Pocas veces se ha destilado tanta bilis negra en las páginas de un diario, tanta que supera o al menos rivaliza con la derramada en la ofensiva de 2006 contra Ollanta Humala. Pero esas eran elecciones presidenciales. Y Ollanta era un outsider imprevisible, que coqueteaba con Chávez y tenía una familia frente a la que el papá de Lourdes era un dechado de moderación. En ese momento, la estrategia del “mal menor” se volvió mayoritaria y envolvió a buena parte de la prensa de centro y de derecha, moderada y dura.
Pero esta reacción, ante una candidata post-Guerra Fría, lo que produce ya no es espanto sino risa, y convierte a ese diario en una fábrica de tormentas perfectas en pequeños vasos de agua. El tema del 1 de septiembre en Correo fue el puño en alto de Susana Villarán, “como Abimael Guzmán” y como todos los chicos malos de la vecindad. Ya otros se han burlado bastante de la ocurrencia y han sacado hasta dibujos del Super Ratón con el puño en alto.
Pero el día anterior le había tocado a los “nuevos electarados”. Convertido en Natalia Malamala, el director agarraba a cocachos y sopapos a “sus” muchachos y muchachas de los sectores A y B, diciéndoles de electarados y homocigóticos que sufren de degeneración sanguínea para arriba. Tal vez a partir de aquí es posible ir descifrando por qué Peter Panes de elite, con una educación recontracaviar, se tocan tanto de nervios.
Es notorio cómo en el Perú los sectores más retrógrados de la derecha reproducen como en un espejo el tipo de aproximación a la realidad del marxismo-leninismo. Por lo menos el marxismo recurría a un concepto: alienación. El proletariado, por algún privilegio ontológico, debía ser capaz de interpretar correctamente la realidad. En todo caso, interpretarla como lo hacía “el partido del proletariado”, que dominaba supuestamente “las leyes de la historia”. Los proletarios que no lo hacían eran alienados. En sus versiones más extremas, como Sendero Luminoso en el Perú, la alienación se pagaba con la muerte por ser yanaumas o revisionistas. Así lo pagaron, por ejemplo, muchos maestros del SUTEP, estemos o no de acuerdo con su línea política o sus propuestas magisteriales.
Ese sector de la derecha ubicada en el pasado -el mismo Aldo Mariátegui lo admite: “ya estoy expresándome como un viejo de antes, pero es lo más sensato.”- no puede soportar una oposición, ni siquiera de centro-izquierda. Igual sucede en el extremo m-l. Cuba, por ejemplo, incorpora esa intolerancia a su Constitución, en la cual el partido dirige a la sociedad. No necesita someterse a elecciones competitivas. Por eso, como boxeador que no ha vuelto a subir al ring desde que ganó el cinturón, necesita demoler cualquier oposición o crear rivales construidos a su medida. En el Perú, esta franja pasadista de la derecha necesita a Sendero Luminoso, Guzmán, la propia Lori Berenson para usarlos de punching-ball, producir temor y, por supuesto, es fácil que en ese caso su estrategia mediática tenga éxito porque, como dicen los colombianos, esa ultraizquierda da papaya, y ellos cortan papaya sin esfuerzo.
Inocular el miedo es, dijimos, una táctica antigua, pero en este caso los demoledores exhudan también miedo ellos mismos. Extraño, pues se consideran en su momento de mayor éxito y aseguran que el país llegará en esta década al Primer Mundo.
Es posible que en ese temor juegue un papel el déficit de legitimidad de de quienes hoy dirigen la economía y la política del país, por más que las cifras económicas estén de su lado, por más que de manera desigual el país haya crecido, que el fenómeno Ollanta haya retrocedido. Por la forma y el rumbo de ese crecimiento, por la corrupción y el trato despectivo a franjas amplias de la población, García no llega al 35% de aprobación, mientras que Lula y Bachelet, con quienes se siente afín Susana Villarán se fueron o se irán con más del 70 o incluso 80% de popularidad.
Puede jugar también un papel el nuevo conservadurismo norteamericano, letalmente asustado. La cadena Fox News, el Wall Street Journal de Murdoch, la lideresa republicana Sarah Palin, los que no creen en la evolución de las especies pero difunden la idea de que Obama es musulmán y no nació en los EE.UU., han tenido bastante éxito en tensar la polarización contra los caviares del partido Demócrata, sin importarles mucho el futuro de su propio país.
Lo interesante es que aquí la ofensiva no ha logrado arrastrar al conjunto de los medios y líderes de opinión. Incluso quienes han criticado duramente a Villarán por su alianza con el MNI, han mostrado matices. Otras veces, cansancio ante tanta hojarasca y tan poco debate sustantivo. Otras no se han dejado arrastrar al cargamontón y finalmente algunos han dicho que van a votar por Susana de todos modos. Más aún, tanta alharaca ha hecho más conocida a Villarán en los sectores D y E.
Lo sabremos en las próximas semanas. Si Villarán logra mantener o incrementar su intención de voto, tal vez signifique que en el Perú se está consolidando un liberalismo democrático y no solo económico; y una izquierda democrática que ponga fin a la anomalía peruana: la inexistencia de una izquierda y un centro izquierda que exploren sus caminos en el S.XXI. Será lo mejor para el país.

Leer másComentarios { 19.123 }

Contra Roca, litotricia

Enfrentar a alguien que declara estar dispuesto a “cortar la cabeza a 50 violadores” (Perú21, 17.9.10) no es cualquier cosa, aunque uno no sea violador.

Por eso, aunque la nanorebelión de Carlos Roca, que ocupó primeras páginas en los últimos días no haya sido más que un balido que rompió el silencio de los corderos que van al matadero, merece un comentario póstumo, sobre todo porque sacó a plena luz la situación del partido más estructurado del país.

Hasta donde se sabe, la elección de Roca como candidato a la alcaldía de Lima Metropolitana en la Convención Electoral del APRA fue un destilado del desprecio de la dirigencia y del propio Alan García por la militancia. Hasta las 11 de la noche del día en que se cerraba el plazo de inscripción de candidatos, todos esperaban inquietos la voz de Palacio, pero el megáfono permanecía mudo. Los dirigentes presentes en la Convención no se atrevían a decidir nada, o tal vez, como lo denunció Roca, ya habían decidido no tener candidato y apoyar a Kouri, del partido de alquiler del antiguo aprista José Barba.

Hasta que al filo del cierre legal de inscripciones, los treintones que se dejan leer sobre todo en la web, creyeron ver una oportunidad para expresar su descontento contra Alan y la cúpula partidaria. Algunos, descontentos seguro porque hasta el año 4to no les ha tocado nada de la torta; otros porque son apristas honestos, muchos hijos o nietos de apristas, incómodos con el nuevo viraje a la derecha del partido. Apelaron a Roca, descontento él mismo por ver cómo lo que los de mayor abolengo dentro del partido consideran “la segundilla” los dejaban atrás: los Pastor, Zumaeta, Núñez, Mulder y otros. Así, por suicida, despistado o “(último) soldado del Apra” como se define, Roca terminó encarnando el descontento, y la nostalgia.

Lo asombroso es que lograra armar una lista de regidores jóvenes que no se le volteó cuando la cúpula comenzó a “persuadirlo” para que retirase su candidatura. Al menos no públicamente, al menos no hasta el lunes 16, que es cuando el frente se resquebraja, no por casualidad comenzando por Elvira de la Puente, la de mayor edad. Hablando de edades, Roca no hubiera entablado su breve resistencia sin por lo menos un discreto aval del patriarca, Armando Villanueva.

Al inicio, jugando con su apellido, Roca dijo que con él no funcionaban los serruchos, que se necesitaría un taladro para removerlo; pero lo que ha hecho la dirigencia es una litotricia, rápida e indolora, un rayo laser que pulverizó la rebelión, aunque es probable que queden secuelas, sobre todo si procede la tacha contra Kouri, aunque con sus actuales porcentajes, tal sea a fin de cuentas un alivio, que muestra sin embargo lo tortuosa que tendrá que ser la estrategia aprista para un nuevo éxito en 2016.

¿Qué le espera a Roca? ¿Un retiro tranquilo cuidando la casa-museo de Víctor Raúl? ¿Un retiro en el exilio, ordenando su biblioteca? ¿Algún papel en alguna incierta rebelión futura de los treintones? Porque se le pasó el tiempo para negociar su renuncia a cambio de algún puesto en la lista parlamentaria de Lima, y si lo hubiera querido hacer, hubiera significado que en 30 años no entendió nada de la evolución del Apra luego de la muerte de su fundador: Lamberg, Mantilla 80s, Mantilla 90s, Alan 1 y 2, evolución/involución no solo política y organizativa, sino ética; y noches y más noches de cuchillos largos y cartas marcadas en el seno mismo del partido.

Con los cuarentones desnudos hace meses como una versión más avezada, moderna  y amoral que las generaciones antiguas, ¿tienen posibilidades los treintones rebeldes? No por ahora.

Una de las enseñanzas de estos días sobre nuestra política es la levedad del mundo virtual frente al mundo “real”; de los grupos de interés y las redes sociales de la web frente al ejercicio cotidiano del poder en ministerios, OPDs, oficinas de palacio, hemiciclo parlamentario. Tampoco pueden nada los comités distritales partidarios o escuelas de oratoria de Alfonso Ugarte frente a una dirigencia eficaz en cooptar o aplastar cualquier asomo de disidencia. Al menos por ahora.

Porque el actual quinquenio ha sido solo el principio. Para que la pirámide del poder en el Perú se convierta también en rombo según considera Arellano que ha sucedido con la pirámide de ingresos, es necesario que el Apra se consolide como la operadora política del proyecto económico de las grandes empresas nacionales y extranjeras. Que regrese el 2016 y navegue mientras tanto un quinquenio proceloso para reemplazar del todo a una Lourdes demasiado “soft” como “candidata de los ricos”, y a Keiko, demasiado dura y en el fondo asustante en un contexto en el que la democracia, aunque sea de calidad cada vez más deleznable, es la mejor carta de presentación en el mundo global. Si hasta China está que reduce a grandes pasos la aplicación de la pena de muerte. Sesenta años más tarde se cumpliría lo que dijo el señor Pedro Roselló cuando se selló la convivencia apro-pradista: “el Apra es el partido conservador que el Perú necesita.”

Mientras tanto, como la caridad y también algunos vicios privados comienzan por casa, Alan ha comenzado probando allí su estrategia planteada hace ya tiempo: no puede hacer elegir a alguien, pero sí evitar que salga electo, o incluso sea candidato, alguien que él no quiere, al menos, para comenzar, en su propio partido. Pero como él mismo ha reconocido el lunes 16, el futuro guarda un conjunto inescrutable de cartas bajo la manga, aunque su voluntad decapitadora y pulverizadora permanezca incólume.

Leer másComentarios { 23.954 }

El sujeto en coma profundo, parpadeó

Hace años, la política en el Perú entró en coma profundo. En las últimas semanas, una serie de eventos activaron las alarmas del monitor cardiológico, cuya línea aserruchada parecía a punto de ponerse plana:

  1. La desfachatez con la que José Barba paseaba su desnudez en los medios, ofreciendo a Cambio Radical como vientre de alquiler, abordado primero en sorna por Bayly yluego en serio por Kouri, que acabó cobijado bajo un manto, si bien no de respetabilidad, al menos, creíamos, de legalidad para participar en la contienda municipal. Mientras la bancada de tránsfugas construida en esos mismos días en el Congreso por Castañeda ensayaba algún pretexto para disimular su vergonzosa condición, Kouri formalizaba imperturbable 39 candidaturas distritales en Lima.
  2. El único partido sobreviviente al meteoro que hizo añicos a los de su especie en la década pasada, dinamitaba los restos de su propia institucionalidad y retiraba la candidatura de Carlos Roca a la alcaldía de Lima, elegido según las normas legales vigentes, para facilitar la candidatura de Kouri. El APRA sacrificaba así lo poco que quedaba de sus instancias formales en aras del regreso en 2016 de “El que Puede” –intención ratificada el domingo 8 de agosto en El Trome- y con él de sus negocios y su consolidación como operadores políticos de la elite transnacionalizada que es la nueva clase dominante de nuestra pirámide, o rombo si se quiere, que para el caso es lo mismo.
  3. Los asesinatos de autoridades regionales y candidatos en Ancash, La Libertad y Huancavelica, crímenes muy posiblemente vinculados al narcotráfico, que nos advierten que de seguir el crecimiento con alta desigualdad y ausencia de reformas de fondo, el que se perfila en nuestro horizonte es México, siempre y cuando nos acerquemos de verdad al primer mundo; o Guatemala o El Salvador, si no nos fuera tan bien.

Todos parecíamos resignados. Total, tenemos mínimos suficientes de democracia y, bueno, así es la vida en el S.XXI. Más de repente, eventos inesperados han comenzado a suceder. El Jurado Electoral Especial de Lima (JEEL) ha aceptado una tacha contra Kouri, que muestra lo poco que este abogado se preocupó por guardar las formas, y el Jurado Nacional de Elecciones le ha pedido al JEEL que revise una tacha ya no solo contra la candidatura de Kouri sino además contra sus regidores y sus 39 listas distritales. Por último, el JEEL ha rechazado el pedido del APRA de retirar la candidatura de Roca a la alcaldía provincial, pues este extraño personaje se negó a firmar la solicitud de su propia decapitación.

¿Qué es esto? Mientras el Poder Judicial da una serie de fallos tan escandalosos, que logran indignar a nuestra ya curtida opinión pública; el Ministerio del Interior pasa por su peor momento en medio de una crisis de seguridad ciudadana sin precedentes y el Congreso no logra armar una agenda mínima para terminar decorosamente su desastroso quinquenio, los organismos electorales parecen actuar de acuerdo a derecho.

A la par de ratificar que el Estado no es homogéneo ni monolítico, lo sucedido nos muestra que además funciona, digamos, “en tiempo heterogéneo”, para malusar un concepto de Chatterjee. Así como antes se hablaba de “bolsones de excelencia” que funcionaban en medio de un Estado arcaico en el Ministerio de Economía y en los ministerios de la producción, esta vez parece que encontramos bolsones de democracia, sobrevivientes de una transición hace tiempo agotada, entre ellos la actual ley de partidos, promulgada en 2003, todavía al impulso de la transición y del rechazo al transfuguismo. Esa es la ley que obliga, entre otras cosas, a ciertos requisitos de democracia interna y de “pruebas de vida” partidaria. Desde entonces, pareciera que los organismos electorales no han sido tan manoseados por el Ejecutivo y el Congreso; tal vez no se les consideraba muy importantes o se pensaba que se les podía sacar la vuelta fácilmente, como con frecuencia ha sucedido.

Aún hoy, el Congreso no está uniformemente envilecido o capturado por un una clique mafiosa como en la década anterior. A los políticos honestos que sobreviven en su seno, tienen que sumarse a veces los postpartidos y los simples individuos que allí predominan y actuar como si de veras les interesara responder a los problemas que enfrenta el país. Se genera de esta forma una suerte de esquizofrenia: la robaluz, el mataperros, votan a veces a favor de leyes que, si se llevan a la práctica, atentan contra su propia supervivencia. Otorongo no come otorongo, pero sin darse cuenta a veces, solo a veces, siembra trampas en las que puede quedar luego atrapado.

Tal vez algo de eso sucedió esta vez, tal vez las instituciones políticas en nuestro país hayan tocado fondo y comiencen a advertirse signos de recuperación, aunque las malas lenguas dicen que en los organismos electorales involucrados hay apristas pero no alanistas. Sea como fuere, y sin que nos hagamos mayores esperanzas: el sujeto en estado comatoso ha pestañeado.

Leer másComentarios { 12.493 }

Congreso y pesadilla

Sus integrantes se tiraron solos o los fueron tirando al tanque de ácido. Lo cierto es que este año la oposición se disolvió en el Congreso. Apristas, fujimoristas y castañedistas quedaron dueños del hemiciclo para celebrar solitos el triunfo de su candidato, ungido presidente para el año 2010-2011.

El dúo Apra Fujimori ya era añejo en estas lides. Son los castañedistas los que debutan como socios importantes: tercera fuerza parlamentaria. En el fondo se escucha, paradoja, la risa del mudo. Para Castañeda es una pequeña revancha. El 2000 logró hacer elegir cinco parlamentarios en su lista y a las pocas semanas no le quedaba uno solo: todos se los llevó Montesinos. Ahora es él quien ejerce de bajapolicía, recogiendo parlamentarios como bolsitas de mate usadas en muchas tazas, guiñapos políticos a los que en el tránsito de bancada en bancada les han ido succionado hasta la médula, y ahora se forman como soldados de un ejército de muertos vivientes para dar la batalla en defensa del alcalde en el caso Comunicore. No combate Castañeda, tampoco sus regidores, sino esta nueva versión del retablo hiperrealista que armaron los fujimoristas en homenaje a Keiko, cuando se quitaron los disfraces y aparecieron a rostro descubierto como los zombies de Thriller, uno de los más grandes lapsus de nuestra historia política. Total, no tienen nada que perder, vivirán por siempre mientras algún baño de luz no cambie la política.

Lo asombroso al verlos por TV es que muchos de ellos, al menos en ese momento, solos y triunfantes, olvidan su situación y la percepción que la ciudadanía tiene del Congreso y se la creen –la majestad de sus cargos, la condición de padres de la patria- pero más que un ataque de seriedad, lo que les da es un arrebato juvenil y alegres como niños juegan en ese playground alfombrado de rojo, y se vacilan, y ríen y gatean en la alfombra grasienta, cubierta de restos de pollo, papas fritas machucadas, todas las salsas derramadas, focos, talco para pies, tubos de neón, boletos de avión y otros papeles manchados de kétchup, y disfrutan, es visible que disfrutan.

Ahora pasa al estrado la tránsfuga, que se arrodilla en esa suciedad y jura: “por Dios que nunca cambia”.  Puedo imaginar el diálogo previo que la lleva a ese extraño juramento.

-“¡Oe tránsfuga!”

-“¡Solo Dios y los necios nunca cambian!”.

Y entonces, orgullosa de cambiar de camiseta -es humana, no divina- pone su mano grasienta sobre la biblia y luego se abraza con una niña a la que le han frisado el cabello y luce revejida para su edad mental, como esas pequeñas a las que las disfrazan de vedettes para concursos.

Vuelvo a mirar la TV y es como si hubiera despertado. Todo es “normal”. La nueva directiva asume sus funciones. Incluso la agenda que propone el nuevo presidente se ve interesante: bicameralidad, voto voluntario, eliminación del voto preferencial y por supuesto transparencia y lucha contra la corrupción. Pero como en esos sueños demasiado vívidos, mejor esperar un tiempo para ver si uno realmente despertó o si es la pesadilla nuestra triste realidad.

Leer másComentarios { 10.529 }

Soldado del Apra

César Zumaeta será el nuevo presidente del Congreso. Hace unos días, cuando le preguntaron si había buscado el cargo, no se le ocurrió mejor respuesta que decir. “No. Los apristas somos soldados al servicio del país, pero no se llega al Apra para aspirar a cargos.” (La República 17.7.10). Mmmm. No voy a cuestionar su afirmación, pero en estos días en los que hasta SolArmonía toca el himno a las horas del Angelus, vale destacar que a Zumaeta no se le ocurrió decir que los apristas eran arquitectos o abogados o simplemente lo que son sus congresistas: empleados del Perú, pagados con nuestros impuestos, y si lo hacen bien, pues enhorabuena y todos contentos. No. Soldados. Claro, al margen de cualquier bono de rendimiento de Alas Peruanas.

Más que un lapsus, fue una mantra, porque más adelante, cuando le preguntan si postulará a la reelección como congresista, responde: “Somos soldados del partido y se evaluará más adelante”.  No militante de un partido disciplinado, que a estas alturas tiene más de heroico que soldado. No. Soldado. En estos tiempos de histeria, podríamos señalarlo por pertenecer a un “partido militarizado” como se definía Sendero Luminoso.

Un país que avanza en el S.XXI con políticos y elites tan S.XX, podríamos decir. Pero no. Todo es discurso cínico: ninguno pasó por el Servicio Militar Obligatorio de antes, ni se le ocurriría incentivar a sus hijos para que postulen a oficiales de nuestro no muy bien pagado Ejército Peruano.

Y  ojo: son civiles los que incentivan el papel hipertrofiado de las armas y los soldados en nuestra identidad nacional, especialmente los políticos y las elites asustadas, conscientes en el fondo de su déficit de legitimidad.

******************

P.D. El único soldado del APRA que todavía se atisba en el horizonte es Carlos Roca, un punto que se aleja con su palito al hombro y su atadito con un 1% de intención de voto y una estampita de Haya de la Torre dentro, sin que ningún líder del PAP se tome “siquiera una fotito” con él, como apuntó Lauer. Eso, al margen de que sea imperdonable o suicida, que no se diera cuenta al aceptar la candidatura a alcalde de Lima, que lo iban a tratar peor a cachaco de las épocas de la leva.

Leer másComentarios { 8.823 }

¡Tienen que irse!

Con su cara irreparable de emoticón triste, mirándonos medio de reojo con el rostro hacia abajo, hombros hacia adelante, torso hundido,  expresión corporal de zopilote de las antiguas tiras cómicas, Aldo Mariátegui repta en el ranking de los noticieros matutinos. Quién lo diría. El niño dorado de la actual década en la prensa escrita de la derecha, desfachatado, agresivo, incontenible, aparece de repente desvalido en un medio visual, con un tic que lo hace aparecer como lo que antes se llamaba “tía limeña”, meciendo incesantemente la cabeza triste de derecha a izquierda con desaprobación, como diciendo siempre: ay señor, estos ignorantes; oh my god, qué tiempos.

En los últimos días, a raíz de la ola de frío y los muertos y enfermos que causa en las zonas altoandinas del Sur, se le dio por afirmar después de las imágenes: tienen que irse, tienen que migrar, viven muy dispersos, eso es desolado. El rictus facial con el que lo proclama vale más que sus palabras. Pero, ¿no se da cuenta que todo el que pudo ya migró? ¿Qué el porcentaje de población rural ha descendido dramáticamente en el último medio siglo? ¿Que incluso muchos de los hoy afectados por el frío son ellos mismos migrantes? O cree que los que viven en ese infierno que es Ananea son yetis acostumbrados a vivir en el hielo. Son migrantes, atraídos por el oro que hace girar el mundo actual –hacia el hueco de horrible sepultura, diría tal vez Vallejo- que no pudieron migrar a Lima u otro lugar menos inhóspito.

Lo asombroso no es que Mariátegui pida que se vayan. Hace décadas que especialistas de universidades y, sí, de ONGs,  piden un reordenamiento territorial para fortalecer ciudades intermedias, ejes de articulación económica y política regionales, pero cada invierno vuelve a repetirse la misma situación.

Lo asombroso es que lo primero que se le ocurra sea insistir en que se larguen y no comenzar, por ejemplo, por invitar a plegarse a la campaña que su propio canal alienta para enviar abrigo y medicinas a las zonas afectadas. No hay empatía en sus palabras. Hay medidas de mediano plazo laqueadas en ideología. ¿Qué amarren sus ataditos y se larguen? ¿No tendrían que tomar la iniciativa el Estado, la empresa privada, sierra productiva, los empresarios, los políticos nacionales y locales  y discutir con la población y planificarlo, aunque esa sea ahora mala palabra?

************

P.D.1. Uno de los rasgos que más impactó a los españoles en el S.XVI fueron los inmensos rebaños de camélidos que hacían de los lupaqa, uno de los reinos más ricos del Tawantinsuyu y al altiplano hoy peruano-boliviano una zona bastante poblada y económicamente muy dinámica. Claro, la economía ha cambiado, pero vale señalarlo pues no todo es “naturalmente” inhóspito.

P.D.2. Al parecer, en el canal ya advirtieron las debilidades de la imagen del conductor y deben estar dándole clases de relajación facial, porque en los últimos días mira más derecho e intenta todavía dificultosamente sonreír.

Leer másComentarios { 0 }

aprendiendo a caminar

Aprender es un reto. Un blog no estaba en mis planes. Pero muchas cosas no estaban en mis planes. No prometo regularidad. Pero honestidad, frescura, no creo que falten. Empecemos entonces.

Carlos Iván

Leer másComentarios { 13.552 }